¿Cómo interfieren las pantallas en el desarrollo humano?

Según una de las definiciones de la Real Academia de la Lengua Española, entendemos por pantalla la “parte de un televisor, del monitor de un ordenador o de otros aparatos electrónicos que permite visualizar imágenes o caracteres.

Se trata de dispositivos que irrumpieron en el ámbito doméstico hace menos de 50 años pero que, de modo progresivo, han llegado a convertirse en elementos fundamentales y cotidianos en la vida de las personas.

Sin ir más lejos, la mayoría de los adolescentes actualmente pasa un promedio de 9 horas al día mirando una pantalla, acto que los expertos categorizan como “negativo” porque son más propensos a tener sobrepeso, a deprimirse, entre otros.

Sin embargo, hay edades que son más críticas que otras. Por ejemplo, los primeros 5 años de vida son decisivos en este tema, ya que cuando los más pequeños están observando pantallas pueden estar perdiendo la oportunidad de practicar y perfeccionar habilidades interpersonales, motoras y de comunicación.

Esta práctica implica que los menores no se relacionen con sus cuidadores, impidiendo intercambios verbales y no verbales.

Por otro lado, las pantallas también interfieren en el desarrollo humano de forma emocional.  El excesivo uso de los dispositivos debilita los lazos afectivos de los padres con sus hijos y esto podría traer a futuro inseguridades y conductas de protesta o de oposición.

Asimismo, aprender a través de pantallas móviles es un proceso que implica memorización pero sin razonamiento, lógica ni sentido común. Esto quiere decir que el sujeto se educa de manera rápida en vez de vivir una experiencia emocional, provocando que individuo no desarrolle virtudes como tolerancia, paciencia o control emocional.