Salud Mental

El Síntoma como Formación del Inconsciente

Desde la psiquiatría, se plantea al síntoma como algo que se padece y que  causa sufrimiento a la persona. Si es que el síntoma ha disminuido (“síntoma en remisión”) o si desaparece, la enfermedad es superada y la persona está sana. De esta forma, el síntoma es planteado como algo negativo. Es por esta razón, que me interesó intentar comprender al síntoma como se plantea en este curso, como formación del inconsciente, desde la teoría freudiana.

En el estudio del sueño como una formación del inconsciente, se produce un conflicto entre dos amos, un deseo preconsciente asociado a un deseo infantil inconsciente por un lado, y la conciencia junto a la censura por otro. El sueño manifiesto, corresponde a un acuerdo entre esos dos amos. De esta forma, se estudió a esta formación del inconsciente como un cumplimiento de deseo.

Se plantea que el síntoma sería también una posibilidad de dar trámite a un conflicto, al conflicto que surge entre un deseo inconsciente y la defensa. No obstante, debido a su carácter negativo, como generalmente lo entendemos, no logro comprender con claridad la satisfacción del deseo inconsciente.

Se deberá aclarar, desde el principio, que la defensa que entra en conflicto con el deseo corresponde a la represión secundaria (esfuerzo de dar caza a las representaciones ligadas a lo reprimido-inconsciente). Sabemos que la división del aparato anímico (en inconsciente, preconsciente y consciente), según la primera tópica, se constituye producto de la represión primaria (esfuerzo de desalojo). De esta forma, en el sistema inconsciente quedan los deseos edípicos, tanto de amor como los hostiles.

Previo al desarrollo teórico del proceso de formación del síntoma, es importante definir dos conceptos centrales en la teoría freudiana: el de pulsión y el de libido.

La pulsión, es entendida por Freud como concepto fronterizo entre lo psíquico y lo somático, es el representante psíquico de los estímulos que provienen del cuerpo, y que alcanzan el alma (lo psíquico). Uno de los destinos de la pulsión es la represión.

El concepto de libido, es definido por Laplanche y Pontalis como una energía, como la manifestación dinámica, en la vida psíquica, de la pulsión sexual.

Respecto a la formación del síntoma, Freud señala que producto de una frustración en la realidad, a la satisfacción de la libido, ésta emprende el camino de la regresión, y aspira a satisfacerse dentro de una de las organizaciones ya superadas, o por medio de uno de los objetos que resignó antes, o que quizás no resignó en su totalidad.  Estas regresiones, despiertan la contradicción del yo y de la represión. La libido es atajada, e intenta escapar, debe ser descargada para una disminución de la excitación, según lo plantea el principio de placer. Las fijaciones dejadas en la vía del desarrollo de la libido, le permiten aquella escapatoria, y de esta forma, la libido inviste representaciones del  inconsciente.

Hago una pausa de la idea que estaba siendo desarrollada, para ver si el principio de placer aportará algo a la reflexión del tema en cuestión.

La actividad del aparato psíquico, está dominada por el principio de placer;  de los actos que puedan generar displacer, la actividad psíquica se retira (represión). No obstante este principio, la realidad se impone, y esto no siempre será agradable. Así lo plantea Freud en el caso del lactante, quien tras una primera vivencia de satisfacción, alucina con aquella experiencia y siente placer, hasta que producto  del desengaño, el aparato psíquico de ese primer momento, debió resolverse a representar las constelaciones del mundo exterior y a procurar la alteración real. De esta forma, se genera un nuevo principio de actividad psíquica (principio de realidad), que toma en cuenta lo real, aunque sea desagradable, y no sólo lo agradable.

Se plantea que la sustitución del principio del placer por el principio de realidad, no implica un destronamiento del primero, sino su aseguramiento. Se abandona el placer momentáneo pero inseguro, para ganar un placer que, aunque vendrá después, es seguro.

Respecto de las fijaciones anteriormente mencionadas, se señala: mientras ocurre la trasmudación que recorre el yo,  del principio del placer al principio de realidad, las pulsiones sexuales experimentan modificaciones que las llevan del autoerotismo inicial, pasando por diversas fases intermedias, hasta el amor de objeto al servicio de la reproducción de la especie. Si en alguna fase del desarrollo del yo o del desarrollo de la libido, sobreviene una inhibición del desarrollo, se genera una predisposición a enfermar de neurosis.

Volviendo  al proceso de formación del síntoma, la libido frente a una frustración real, recuerda que tiempos pasados fueron mejores, recorre en sentido regresivo, e inviste representaciones que pertenecen al sistema inconsciente. De esta forma, se somete a los procesos posibles allí: la condensación y el desplazamiento, procesos en común con la formación del sueño.

Estas representaciones entran en conflicto con el yo, pues resultan ser fijaciones de la sexualidad infantil. Para comprender de mejor forma esto, se definirá el concepto de fijación: “modo de inscripción de ciertos contenidos representativos (experiencias, imagos, fantasías), que persisten  en el inconsciente y a los cuales permanece ligada la pulsión. La fijación hace que la libido se una fuertemente a personas o a imagos, y reproduzca determinado modo de satisfacción característico de alguna de sus fases evolutivas. La fijación puede ser abierta y actual, o constituir una virtualidad prevalente que abre al sujeto el camino hacia una regresión” (Laplanche y Pontalis).

De esta forma, se logra comprender que la libido revierte hacia prácticas, vivencias y objetos no del todo resignados, de la sexualidad infantil. Por este motivo, el yo mediante la represión secundaria, fuerza a escoger una expresión acorde a sus exigencias. En otras palabras, se coarta el devenir consciente de la representación portadora de la moción pulsional que le resulta desagradable al yo (superyó).

El síntoma crea un sustituto para la satisfacción frustrada (real) y repite de algún modo la  modalidad de satisfacción de su temprana infancia. No obstante, esta modalidad de satisfacción sustitutiva, es muy extraña, es desfigurada por la censura (represión secundaria) y se vuelve irreconocible. La presunta satisfacción lograda en el síntoma, es sentida más bien como un sufrimiento y el síntoma se engendra como un retoño del cumplimiento de deseo libidinoso inconsciente.

El síntoma tiene el efectivo resultado de cancelar la situación de peligro. Habría que intentar aclarar en qué consiste aquella situación de peligro. La investidura energética de las representaciones inconscientes se eleva tanto, que ellas se vuelven exigentes y demandan realización. Se entiende ese aumento de la intensidad de la investidura, como un aumento en la excitación al interior del aparato anímico, lo que le genera displacer al yo. De esta forma, actúa la represión secundaria y se logra una formación de compromiso.

Freud intenta ejemplificar en el caso del pequeño Hans, la formación de un síntoma, debido a que es más clara y menos engorrosa la comprensión de los procesos, en un niño que en un adulto. El niño sufría de una fobia a los caballos (representación de ser mordido por uno), por lo que  le generaba angustia salir a la calle y encontrarse a uno. Se plantea que la moción pulsional reprimida es la hostilidad hacia el padre.  Hay una sustitución del objeto padre por el objeto caballo. Este desplazamiento, hace que este temor sea un síntoma (fobia).
El motor de la represión, en este caso, es una angustia de castración inminente (angustia de ser mordido por el caballo), ocurre allí una desfiguración del contenido angustioso primario. Por tanto, la angustia crea la represión, es una angustia de un peligro considerado real (castración). La angustia en la fobia, no proviene de las investiduras de las mociones reprimidas, si no de lo represor mismo (el yo, frente a exigencias de la libido, es el genuino almácigo de la angustia).

Luego de realizar esta revisión teórica, se aclara que el síntoma es una formación del inconsciente, en la que se encuentra una modalidad de satisfacción sustitutiva de una moción pulsional infantil. El carácter sustitutivo, es una exigencia de la defensa para permitir el acceso a la conciencia del deseo infantil.

No obstante, no logro comprender la relación entre el síntoma y el principio de placer. Si se plantea por un lado, que el principio de realidad no destrona al principio del placer, sino que lo asegura, y por otro, se acaba de ejemplificar un caso de fobia, en el que el síntoma mismo sea un temor.

Se podría pensar que mediante aquella desfiguración del contenido angustioso en el caso de la fobia, permite que el afecto se desplace a un objeto evitable, como lo es un caballo. Desde esta mirada se puede comprender el principio de realidad que, mediante un rodeo, y una modificación de la realidad, puede asegurar el placer (descarga de la excitación).

Se plantean, otras formas por las que se puede demostrar que la formación del síntoma no contradice el principio de placer. Freud señala, que los síntomas originariamente pueden significar limitaciones para el yo (por ejemplo, la inhibición en la libertad de movilización en una agorafobia), pero que debido a la inclinación de este por la síntesis, cobran el carácter de satisfacciones. El yo limitado se ve obligado a buscar satisfacción en los síntomas. Puede ocurrir, un síntoma que afecte la capacidad de rendimiento, y así permita apaciguar la demanda del superyó o rechazar una exigencia del mundo exterior. En otros casos, el síntoma se fusiona con el yo y se hace indispensable para éste. Por ejemplo, en el síntoma obsesivo, ya que le depara al yo una satisfacción narcisística de ser más escrupuloso  o  puro que otros hombres. Podría ocurrir también, una ganancia secundaria, en la que se dan ligazones de reconciliación entre el yo y el síntoma, a modo de resistencias cuando se intenta  soltarlas, como en el caso de lograr la constante compañía de otro, en la agorafobia.

No obstante estos ejemplos, Freud no se retracta de su afirmación, que señala al síntoma como el correcto sustituto y retoño de la moción reprimida, cuya exigencia de satisfacción genera displacer, genera angustia, en lugar de la exteriorización de la libido. En la formación del síntoma, la represión ha fallado, pues se produce angustia, y como se dijo anteriormente, la moción pulsional encuentra un sustituto. De esta forma, la lucha defensiva contra la moción desagradable, se termina a veces mediante la formación del síntoma. Luego, esta lucha continuará contra el síntoma, pues lo pulsional sí encontró expresión en la conciencia finalmente.

Por tanto, el síntoma es algo contra lo que el yo lucha, sin embargo, previo a su formación, el yo luchaba contra lo pulsional que le causaba displacer. El síntoma también causa displacer, por lo que se puede pensar que se cambió un displacer por otro. De qué le sirve al aparato anímico realizar esta formación del inconsciente… ¿no es el resultado el mismo?.

Pensemos en el caso de un síntoma en el trastorno obsesivo compulsivo; la persona puede lavar sus manos, una y otra vez, con agua caliente, hasta producirse heridas. Y no sólo sufre por el dolor en sus manos, sino también por no poder detener su compulsión, necesaria para anular su obsesión. Sabemos que, en este caso, operan otro tipo de defensas como la formación reactiva, la anulación, y que el proceso es mucho más complejo. Me llama la atención lo displacentero de aquel síntoma y me es difícil comprender el principio de placer desde allí.

No se estaría contradiciendo el principio del placer en la formación de los síntomas, ya que lo reprimido se hace consciente (de una forma disfrazada) y causa displacer. Quizás se puede pensar que el displacer sentido en el síntoma, es más tolerable que el producido por el deseo inconciente infantil, que amenaza con su satisfacción al yo. De alguna forma, en el síntoma ocurre una descarga de la excitación, se liga la energía psíquica que se habría descargado como angustia.

De esta forma, comprendemos que el síntoma de alguna u otra forma realiza una mediación simbólica y nos habla de un deseo inconsciente reprimido. Mediación pues logra una reconciliación entre el deseo y la defensa, y simbólica pues la satisfacción lograda es sustitutiva. Ahora bien, lo que nos dice el síntoma, en cada caso particular se deberá intentar comprender en la individualidad de cada persona.

BIBLIOGRAFIA

  • Jean Laplanche & Jean Bertrand Pontalis (1967), Diccionario de psicoanálisis.
  • Sigmund Freud (1911), Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico.
  • Sigmund Freud (1915), La represión.
  • Sigmund Freud (1917), Conferencias de introducción al psicoanálisis, Nª 23, los caminos de la formación de síntoma.
  • Sigmund Freud (1920), Más allá del principio del placer.
  • Sigmund Freud (1926), Inhibición, síntoma y angustia.
21 abril, 2016