Encuestas
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Autora: Ps. Carolina derderian
“El niño que juega experimenta las satisfacciones
Entonces cabe preguntarse de qué manera se puede encuadrar el juego en las sesiones terapéuticas.
Para dar respuesta, es necesario poder dar algunos lineamientos del encuadre terapéutico con niños. Para esto es fundamental que en las primeras sesiones, donde se producen las primeras aproximaciones del paciente con el analista, se empiece a conformar el espacio terapéutico, generando el lugar donde se coloca en juego la posición subjetiva del paciente, de tal manera que hay que extraer el máximo posible de las vivencias o situaciones que se forman, para así, poder rescatar todo el contenido que se muestra en esta primera fase de diagnóstico. Sin embargo, no se debe suponer que esta fase esté libre de realizar una intervención, sino por el contrario, en esta fase diagnóstica se supone que ya se realicen intervenciones. Dentro de éstas, se considera relevante destacar las palabras de Frances Tustin, quien señala la importancia de que en los casos graves, el niño logre darse cuenta que el terapeuta no forme parte de su grupo primario, lo mismo para los padres; es por ello, que se hace necesario dentro de las primeras entrevistas realizar este tipo de intervenciones. Además, cabe señalar la importancia de que los padres puedan comunicar de forma precisa y concreta los motivos por los cuales están acudiendo al psicólogo, dado que esta información es de gran relevancia para poder comprender el padecer de los padres y el niño. Otro de los aspectos importantes a mencionar por parte del analista, es reforzar con los padres y con los niños que este espacio es para trabajar, que no es solamente un espacio para jugar, sino que va más allá. Haciendo referencia a Marisa Punta Rodulfo, la clínica es poder hacer pensar las cosas de otra manera y favorecer la emergencia de los procesos subjetivos más creativos, propios del paciente y su familia, incluyendo el desarrollo de tentativas de curación más adecuadas. Instalando sus condiciones básicas, nuestras palabras deben ser fundadoras de oportunidades, sólo por esta vía es posible suscitar, tanto en el niño como en sus padres, una consideración diferente de los síntomas de un niño; es decir, que no solamente intervenimos en forma diferente de lo habitual, sino que generamos condiciones para que ellos puedan también hacer, logrando que sus propias palabras y sus propios actos adquieran una nueva dimensión. Dada las implicancias de este primer encuentro, es importante poder comprender, escuchar estas demandas, preguntarse sobre la concepción de niño y las implicancias del jugar en la práctica clínica, ya que nos ayudará a guiar nuestra compresión, las dificultades y el mundo psíquico del niño.
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