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Los trastornos de personalidad en el DSM-5
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CESMER Equipo - Articulos de Interes Profesional
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Los trastornos de personalidad en el DSM-5
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Dr. Raúl Riquelme Véjar

Traducción por:

Dr. Raúl Riquelme Véjar
Director CESMERR


Am J Psychiatry 167:9, September de 2010 ajp.psychiatryonline.org 1027

COMENTARIO*

Los trastornos de personalidad en el DSM-5**


Shedler Jonathan, PH.D.
Aaron Beck, M.D.
Peter Fonagy, PH.D.
Glen O. Gabbard, M.D.
Gunderson John, M.D.
Otto Kernberg, M.D.
Robert Michels, M.D.
Drew Westen, PH.D.


DSM-5  presenta en la forma propuesta un cambio significativo en el enfoque de diagnóstico de los trastornos de la personalidad. Los criterios diagnósticos descritos en el DSM-III y DSM-IV y la introducción del eje II se destina a centrar la atención en estos síndromes en la práctica clínica para fomentar la investigación sobre su diagnóstico, la epidemiología, la psicobiología, el curso clínico y el tratamiento. Un sistema de diagnóstico debe ser clínicamente relevante abarcando el espectro de los síndromes de la personalidad que se ven en la práctica, facilitar su reconocimiento, y aún así ser suficientemente simple como para ser utilizado por los médicos ocupados, incluidos los que no se especializan en la evaluación y el tratamiento de la personalidad. Al mismo tiempo, el sistema de diagnóstico necesita reflejar el progreso y apoyar  la investigación que lleve a una mayor comprensión y un mejor tratamiento de estas enfermedades. Lamentablemente, la propuesta de un sistema de clasificación de trastornos de la personalidad es demasiado complicada, incluye un enfoque de diagnóstico basado en rasgos sin una justificación clínica adecuada, y omite síndromes de personalidad que tienen utilidad clínica significativa.(N. del T.: lo destacado en negritas es del Traductor)


La propuesta del sistema de diagnostico del DSM-5 de los trastornos de la personalidad es un conglomerado complejo de modelos diferentes que no pueden coexistir felizmente, lo que aumenta la probabilidad  de que muchos médicos no tengan la paciencia y persistencia para hacer uso de ella en sus prácticas. El proyecto de criterios resultante abarca 5 niveles de funcionamiento de la personalidad, 5 tipos de personalidad, 6 Escalas de calificación de rasgos de Personalidad, y 4 a.10 subescalas de evaluación de rasgos o facetas por escala de evaluación de rasgo.


Un enfoque de utilidad clínica debería centrarse en los tipos de personas, no en los tipos de escalas de calificaciones. La unidad principal de diagnóstico debería ser un síndrome de personalidad, una configuración o patrón de personalidad que relacione funcionalmente entre sí los procesos de cognición que abarca, la afectividad, las relaciones interpersonales, el comportamiento, resistencias y defensas (N. del T. el subrayado es del traductor). Los profesionales de salud mental piensan en términos de síndromes o patrones (como se reconoce en todas las anteriores versiones del DSM), no en términos de subcomponentes de-construidos o en términos de más de 30 rasgos dimensionales independientes para ser evaluados (como en la actual propuesta del DSM-5). Los médicos ven patrones coherentes de procesos interrelacionados donde personas no entrenadas se pueden confundir. La evaluación del diagnóstico también debe reconocer gradaciones de gravedad, como la revisión propuesta hace (un mejoramiento bienvenido en relación  al DSM-IV). Un paciente con trastorno narcisista puede ser ligeramente alterado socialmente o más o menos gravemente deteriorado como para no participar eficazmente en cualquier tipo de interacción personal

(*) Este artículo ha sido traducido por el Dr. Raúl Riquelme Vejar, profesor asistente Depto. de Psiquiatría y Salud Mental Oriente, U. de Chile, Jefe de la Unidad de Trastornos de Personalidad del Serv. de Psiquiatría del Hosp del Salvador.
Por el interés que implica este Comentario, me ha parecido útil publicar esta traducción, además he efectuado unas tablas que resumen e ilustran las propuestas para el DSM V del Grupo de Trabajo respectivo, que son objeto de análisis crítico en esta, publicación, por destacados expertos en el tema, aparecida en el Am. J. Psychiatry de Septiembre de 2010.