Sueños e indicadores de cambios en el Contenido Manifiesto, en el proceso psicoanalítico

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Los sueños han sido motivo de interés para el hombre desde tiempos remotos. Estos han tenido diversas interpretaciones a través de distintas culturas y han sido usados como fuente de conocimiento para el hombre y su entorno.

El pensamiento se basa en la forma de lo deforme impensable. Tal vez ésta sea la razón por la cual lo deforme es tan sólo la noche en la que cada forma se debate. El pensamiento, pues, es sólo el punto del que el día emana. (E. Jabes, 1987)

Introducción

Los sueños han sido motivo de interés para el hombre desde tiempos remotos. Estos han tenido diversas interpretaciones a través de distintas culturas y han sido usados como fuente de conocimiento para el hombre y su entorno.
El estudio de los sueños y sus interpretaciones han estado presente en las distintas culturas. Por su parte Freud (1900), desde el psicoanálisis, le asigna un rol central para conocer el inconsciente. Al iniciar su libro sobre La interpretación de los sueños dice: “Demostraré que existe una técnica psicológica que permite interpretar sueños, y que si se aplica este procedimiento, todo sueño aparece como un producto psíquico provisto de sentido al que cabe asignar un puesto determinado dentro del ajetreo anímico de la vigilia”.
Por otra parte, el cambio psíquico es uno de los objetivos que se propone el psicoanálisis como técnica de tratamiento psicológico y en general de todas las psicoterapias. Este cambio es posible evaluarlo desde la observación de conductas externas que se modifican a propósito de una intervención terapéutica, hasta cambios internos que se pueden evidenciar en un modo distinto de abordar los conflictos y las angustias, a como ocurría antes del análisis o terapia en una persona.

El sueño manifiesto contiene una riqueza de indicios que no se limita a los que por azar es sensible el intérprete.
Un sueño tiene ciertos aspectos formales que se combinan en un inventario de configuraciones, aunque algunas de éstas pueden brillar sólo por su ausencia. Además de un impulso onírico hacia la “representabilidad”, postula un “estilo de representación”, que de ningún modo es una mera corteza de la médula, el sueño latente; en realidad, es un reflejo del peculiar espacio-tiempo del yo individual.
Sólo una atención equivalente a todas estas variables y a sus configuraciones puede ayudar al analista a adiestrarse para tener conciencia de las variedades de la vida onírica manifiesta, lo que a su vez permite la caracterización exacta de la vida onírica manifiesta de un paciente dado en diferentes fases de su tratamiento.
Brenneis (1975) enfatiza el punto de vista de Erickson y le asigna al contenido manifiesto la importancia de hacer posible inferir más precisamente, a partir de este aspecto, la organización del yo del soñante
Este autor hace la siguiente metáfora que resulta interesante por su sencillez, dice: “el contenido de una casa y la forma en que ella está arreglada se parece mucho al estilo del contenido y patrones de sueño manifiesto. Dos casas, aunque contengan exactamente el mismo tipo de cosas, no son arregladas de la misma forma…”
Por otro lado, otros autores (Segal 1981,1989, Grinberg, 1981) puntualizan que el sueño en el contexto de la sesión analítica cumple funciones que son indicativas del proceso analítico. Se habla de sueños evacuativos, elaborativos o mixtos, de sueños de inicio y terminación del análisis.
Ogden (1993) propone el concepto del espacio del sueño y enfatiza la función de comunicación de una parte del self con otra. Un sueño lo concibe como una comunicación interna que conlleva una construcción de proceso primario producida por un aspecto del self y que debe ser percibida, entendida y vivenciada por otro aspecto del self.
Grinberg (1981), citando a Bion, habla de un aparato para soñar los sueños al igual como lo sugirió éste, en relación a los pensamientos.
El autor (Riquelme, 1998) en un trabajo anterior ha hecho una revisión teórica de los sueños, sin ilustraciones de material clínico. En este capítulo se muestran algunos de estos tipos de sueños con ejemplos clínico del autor, que ha conocido en su trabajo terapéutico y en supervisiones, además de sueños disponible en la bibliografía psicoanalítica.

Los sueños han sido motivo de interés para el hombre desde tiempos remotos. Estos han tenido diversas interpretaciones a través de distintas culturas y han sido usados como fuente de conocimiento para el hombre y su entorno.
El estudio de los sueños y sus interpretaciones han estado presente en las distintas culturas. Por su parte Freud (1900), desde el psicoanálisis, le asigna un rol central para conocer el inconsciente. Al iniciar su libro sobre La interpretación de los sueños dice: “Demostraré que existe una técnica psicológica que permite interpretar sueños, y que si se aplica este procedimiento, todo sueño aparece como un producto psíquico provisto de sentido al que cabe asignar un puesto determinado dentro del ajetreo anímico de la vigilia”.
Por otra parte, el cambio psíquico es uno de los objetivos que se propone el psicoanálisis como técnica de tratamiento psicológico y en general de todas las psicoterapias. Este cambio es posible evaluarlo desde la observación de conductas externas que se modifican a propósito de una intervención terapéutica, hasta cambios internos que se pueden evidenciar en un modo distinto de abordar los conflictos y las angustias, a como ocurría antes del análisis o terapia en una persona.

El objetivo del presente capítulo es revisar a partir del concepto de cambio psíquico de algunos autores, el cambio que se puede observar durante el proceso terapéutico, en la estructura del contenido manifiesto de los sueños y la función que estos tienen durante dicho proceso, ilustrando algunos tipos de sueños con material clínico que el autor ha podido tener acceso en el trabajo terapéutico de pacientes propios, de supervisiones y de la bibliografía psicoanalítica disponible.
El cambio psíquico es uno de los objetivos que se propone el psicoanálisis como técnica de tratamiento psicológico y de cualquier tipo de psicoterapia. Este cambio es posible evaluarlo desde la observación de conductas externas que se modifican a propósito de una intervención terapéutica, hasta cambios internos que se pueden evidenciar en un modo distinto de abordar los conflictos y el vivenciar psíquico anormal, a como ocurría antes del tratamiento de una persona. Las distintas terapias pueden desarrollar indicadores de cambios psíquicos, de acuerdo a sus modelos específicos. Desde la perspectiva psicoanalítica, los sueños han sido un material clínico siempre citado y utilizado para el trabajo terapéutico. Algunos autores han clasificado los sueños de acuerdo a la función que cumplen en el proceso (Grinberg, 1981), clasificación que se revisa más adelante. Meltzer (1968), plantea cambios en ubicación del soñante de acuerdo a las distintas etapas del proceso terapéutico.
Se revisan los conceptos de dos autores que han escrito sobre cambio psíquico. Después revisaré distintos autores que han hablado del cambio que se observa en el contenido manifiesto de los sueños, o en la función de éstos, en distintos momentos del análisis. He tomado el tema del contenido manifiesto solamente como una variable aislada, dentro del amplio modo de abordar los sueños en psicoanálisis. Freud le atribuyó una importancia menor, estimándolo como una cáscara que había que tratar de develar y de la cual había que sacar el contenido latente, que era más importante, para entender el trabajo del sueño.
Sin embargo, otros autores han atribuido más importancia al contenido manifiesto, como un elemento que puede dar cuenta del proceso analítico en marcha. Uno de estos autores fue Erickson (1973) quien concibe el contenido manifiesto como un hecho dado, como una representación. El intenta demostrar en qué forma un sistemático uso del análisis de la configuración del contenido manifiesto, en constante interjuego con el análisis del contenido latente, puede servir para enriquecer nuestra comprensión del trabajo del sueño.
Este autor afirma:•”En años recientes, las llamadas técnicas proyectivas, como el Test de Rorschach, el Test de Apercepción Temática y la observación del juego de los niños, han demostrado claramente que todo segmento de la conducta manifiesta refleja, por decirlo así, todas las experiencias; podría decirse que el psicoanálisis ha otorgado una nueva profundidad a la superficie.” Le corresponde al método psicoanalítico determinar qué elementos de la conducta total del hombre pueden ingresar en la conciencia, son preconscientes o inconscientes, y por qué y cómo se hicieron y permanecieron inconscientes”

El sueño manifiesto contiene una riqueza de indicios que no se limita a los que por azar es sensible el intérprete.
Un sueño tiene ciertos aspectos formales que se combinan en un inventario de configuraciones, aunque algunas de éstas pueden brillar sólo por su ausencia. Además de un impulso onírico hacia la “representabilidad”, postula un “estilo de representación”, que de ningún modo es una mera corteza de la médula, el sueño latente; en realidad, es un reflejo del peculiar espacio-tiempo del yo individual.
Sólo una atención equivalente a todas estas variables y a sus configuraciones puede ayudar al analista a adiestrarse para tener conciencia de las variedades de la vida onírica manifiesta, lo que a su vez permite la caracterización exacta de la vida onírica manifiesta de un paciente dado en diferentes fases de su tratamiento.
Brenneis (1975) enfatiza el punto de vista de Erickson y le asigna al contenido manifiesto la importancia de hacer posible inferir más precisamente, a partir de este aspecto, la organización del yo del soñante
Este autor hace la siguiente metáfora que resulta interesante por su sencillez, dice: “el contenido de una casa y la forma en que ella está arreglada se parece mucho al estilo del contenido y patrones de sueño manifiesto. Dos casas, aunque contengan exactamente el mismo tipo de cosas, no son arregladas de la misma forma…”
Por otro lado, otros autores (Segal 1981,1989, Grinberg, 1981) puntualizan que el sueño en el contexto de la sesión analítica cumple funciones que son indicativas del proceso analítico. Se habla de sueños evacuativos, elaborativos o mixtos, de sueños de inicio y terminación del análisis.
Ogden (1993) propone el concepto del espacio del sueño y enfatiza la función de comunicación de una parte del self con otra. Un sueño lo concibe como una comunicación interna que conlleva una construcción de proceso primario producida por un aspecto del self y que debe ser percibida, entendida y vivenciada por otro aspecto del self.
Grinberg (1981), citando a Bion, habla de un aparato para soñar los sueños al igual como lo sugirió éste, en relación a los pensamientos.
El autor (Riquelme, 1998) en un trabajo anterior ha hecho una revisión teórica de los sueños, sin ilustraciones de material clínico. En este capítulo se muestran algunos de estos tipos de sueños con ejemplos clínico del autor, que ha conocido en su trabajo terapéutico y en supervisiones, además de sueños disponible en la bibliografía psicoanalítica.

Revisión del concepto de cambio psíquico
Betty Joseph (1987) explica el concepto de cambio psíquico, no solo como una meta o un estado final, sino como algo que ocurre permanentemente en el tratamiento. El analista debe ser capaz de detectar y seguir minuto a minuto los cambios en los pacientes, sin preocuparse de si son positivos o son signos de retroceso, tomándolos como el método individual propio de cada paciente para enfrentar sus ansiedades y sus relaciones personales de una forma característica. Los cambios y las alteraciones que ocurren minuto a minuto cuando se analiza, se espera que en última instancia conduzcan a un cambio positivo a largo plazo. El cambio psíquico positivo a largo plazo no es un estado absoluto terminado, sino más bien un equilibrio de fuerzas mejor y más saludable dentro de la personalidad, en una situación que hasta cierto punto será siempre de flujo, de movimiento y de conflicto. Deben hacerse conscientes los impulsos, y éstos deben quedar bajo el control y a disposición del Yo, disminuyendo la escisión y la proyección. El paciente puede tolerar sentir en un mismo momento tanto el amor, como el odio hacia una misma persona. Simultáneamente se abre también la posibilidad de tener un sentimiento positivo hacia el objeto y repararlo. Con esto aparece también una sensación de alivio y una profundización de las emociones. Así, cuando esta autora habla de cambio psíquico en cuanto a los objetos, considera la importancia de que los pacientes sean capaces de retirar sus proyecciones, de hacerse más responsables por sus propios impulsos y, paralelamente, puedan enfrentar la individualidad de sus objetos y el estado de los mismos, es decir, la realidad de sus objetos y la realidad de sus sentimientos hacia ellos: su propia realidad psíquica. En otros términos, de una mayor integración del self, y de una relación objetal más realista y completa. Estas son algunas ideas del concepto de cambio psíquico que puntualiza B. Joseph.
Otra visión de cambio psíquico la plantea Leo Rangell (1991), manifestando que es sabido que el deseo de cambiar del paciente no siempre se encuentra a disposición del analista para ser utilizado en favor de su tarea analítica. La voluntad de recuperarse se haya aparejada a la necesidad inconsciente de ocultar, y el método del análisis es el de develar. El analista puede esperar de su coparticipante analítico tanto la ayuda como la obstaculización para el logro de esta meta. El cambio no se produce de acuerdo a la ley del todo o nada, sino dentro de un área gris intermedia. El análisis está expuesto a una serie de comienzos e interrupciones, ya sea que el material diario presente aspectos propulsores o defensivos. Al mitigar o levantar las motivaciones defensivas se permitirá el acceso a impulsos, afectos, opiniones e intenciones que han sido cruciales en tanto que modelaron las acciones y el comportamiento del paciente, pero que éste ha mantenido alejadas de sus pensamientos conscientes por considerarlas inaceptables, que van de lo instantáneo, fragmentario y transitorio a lo más extenso repetitivo y constante.
Este autor plantea que existen dos bases para el logro de los resultados deseados: la primera, mediante el esfuerzo dual de la unión entre los dos participantes; la otra, mediante la necesidad activa y la gradual responsabilidad del paciente, de cuya propia vida se trata. El primer agente es el esfuerzo combinado de la alianza analítica, entre la función analizante del analista practicada como un componente de su teoría psicoanalítica, y el yo racional del paciente. Es común a todas las teorías aceptar que el paciente llegue a ser con el tiempo su propio analista; éste es el cambio patognomónico más específico de un psicoanálisis, que el sujeto sea capaz de “ejecutar un solo” (hacer su propio autoanálisis), antes de la finalización del tratamiento, cada análisis es un análisis supervisado y de formación. El proceso incompleto o inadecuado de separación-individuación tanto de la vida temprana como de su repetida versión al final de la adolescencia, puede ser puesto a prueba y manejado exitosamente después de que el paciente ha completado su análisis de formación en su psicoanálisis.
Esta es otra forma de conceptualizar el cambio psíquico. En concordancia con Joseph se puede puntualizar que es un proceso lleno de pasos intermedios, que no son unidireccionales, que están relacionados con la pareja analítica y que la dirección final pertenece al paciente, que este debe alcanzar una capacidad de autoanálisis que le permita continuar la tarea de su autoconocimiento, siempre incompleta, al final del análisis.

Los sueños y el proceso psicoanalítico:
Teoría freudiana de los sueños.
Freud, en 1900, plantea su teoría en La interpretación de los sueños, formulando que el sueño representa una realización de deseo y ésta es su principal hipótesis. El objetivo es develar los impulsos, sentimientos y pensamientos que trae condensado el sueño en los pensamientos oníricos que se encuentran detrás del contenido manifiesto, lo que denomina el trabajo del sueño.
Jordán (1989) resume así el pensamiento de Freud sobre el sueño: “En el soñar el conflicto es desencadenado en primer lugar por el estado del dormir, éste produce un relajamiento del soñar interno y por lo tanto posibilita la emergencia de los impulsos inconscientes. Estos impulsos y su representación mental, el deseo, son objeto de un trabajo de desfiguración, el trabajo del sueño, que los transforma a través de la condensación, desplazamiento, representación plástica, uso del simbolismo y revisión secundaria durante la vigilia. El trabajo del sueño hace uso de los restos diurnos, pensamientos preconscientes relacionados con las experiencias del día, para poder descargar a través de un proceso de transferencia la energía instintiva.” Los pilares de la teoría pueden ser resumidos en la conocida relación entre contenido manifiesto y contenido latente del sueño. Es el trabajo del sueño el que transforma el contenido latente en contenido manifiesto y el trabajo interpretativo el que deshace el trabajo del sueño para poder llegar al contenido latente que repugna a la conciencia.
Lo que instiga el sueño, su motor, es un contenido instintivo reprimido, representado por un deseo infantil que pugna por satisfacerse, pero como en el dormir el acceso al aparato motor se encuentra bloqueado, debe conformarse con una realización sensorial, configurándose así el carácter regresivo alucinatorio del sueño.
Ubicación del soñante y proceso psicoanalítico
Meltzer (1968) plantea que el proceso psicoanalítico se puede evaluar a través de los sueños. El interés que surge en este proceso, en los sueños y el análisis de los mismos, refleja la alteración de la relación del paciente con la vida mental nocturna. Ordena los sueños de acuerdo a la ubicación del soñante en la estructura del sueño manifiesto y relaciona esta ubicación con la evolución del análisis:
i) sueños en los que el paciente está mirando una película, un cuadro, etc., desde una posición distante en relación con el proceso cuya realidad se niega;
ii) la persona está observando los hechos, pero no está en ninguna forma comprometida con lo que pasa;
iii) está observando los hechos como un observador interesado, pero sin comprometerse con las facciones en lucha;
iv) es un niño ocupado con otros niños y adultos;
v) es un niño ocupado con otros niños que son sus hermanos o partes de sí mismo;
vi) es un adulto ocupado con adultos y niños que son reconocidos como partes de sí mismo.
Este espectro refleja la estructura psíquica y sólo se puede esperar que los tipos v) y vi) aparezcan en forma “regular” cuando se ha desarrollado la responsabilidad por la integración en la posición depresiva dentro de la esfera de los objetos buenos internos, especialmente el pecho a nivel infantil. Puede también desarrollarse el tipo de sueño rector en el pensamiento analítico que acompaña la experiencia del dormir soñando y puede influir sobre el desenlace del sueño, utilizando insights logrados en el análisis de sueños anteriores. Ha observado este hecho en púberes y afirma que no le sorprendería encontrarlo en edades más tempranas.
Meltzer, propone este esquema en relación a los cambios que se presentan en el trabajo analítico, en la estructura del contenido manifiesto del sueño y la ubicación dentro del mismo que el soñante va tomando durante el proceso terapéutico. Enfatizando el mayor compromiso que el analizando muestra en su mundo interno con la participación más activa y en la integración de su self reconociendo partes de éste, en los distintos componentes del sueño, como lo plantea Joseph en su concepto de cambio psíquico alcanzando una mayor y mejor cosmovisión de sí mismo. Por otra parte, la reticencia o rechazo por la realidad psíquica que se muestra en los primeros estadios descritos por éI, concuerdan con la necesidad de ocultar, planteada por Rangell (1991).
Un ejemplo de este tipo de sueño, lo podemos citar de Rosenfeld, 1971.
“Un paciente narcisista con el que me encontré, Simón, ilustra este fenómeno. Durante mucho tiempo se las arregló para mantener muertas y vacías todas sus relaciones con objetos externos y con el analista paralizando continuamente cualquier parte de su self que intentase establecer relaciones objetales. En cierta ocasión mostró esto en un sueño. En éste un niño se encontraba en estado de coma, muriendo de una especie de envenenamiento. Estaba tumbado en la cama en un patio y se encontraba en peligro debido al caluroso sol de mediodía que estaba empezando a caer sobre él. Simón se encontraba de pie cerca del niño pero no hizo nada para cambiarlo de sitio o protegerlo. Sólo se sentía crítico y superior al doctor que trataba al niño, puesto que era éste quien debía haberse encargado de que lo llevaran a la sombra. La actitud anterior de Simón y sus asociaciones dejaban claro que el niño moribundo representaba su self libidinal dependiente al que él mantenía en estado agonizante al impedir que obtuviera ayuda y alimentos de mí, el analista. Yo le hice ver que, incluso cuando estaba a punto de tomar conciencia de la gravedad de su estado mental, vivido como un estado moribundo, no movía un dedo para ayudarse a sí mismo o a mi, a salvarle porque estaba matando a su self dependiente e infantil para vencerme y poner en evidencia mi fracaso. El sueño muestra que el estado destructivo narcisista se mantiene en el poder manteniendo al self infantil libidinal en un continuo estado agonizante o de muerte. Sin embargo, con mucho esfuerzo, algunas veces era posible encontrar la parte de Simón que no se sentía autosuficiente y muerta, y comunicarse con él de manera que se sintiese más vivo.”
El material clínico expuesto por Rosenfeld describe con claridad lo que Meltzer expone sobre lo que ocurre en los sueños en los estadios i y ii del proceso psicoanalítico.

Función de los sueños en el análisis
Hanna Segal (1989) plantea otro punto de vista interesante, en el sentido que los sueños tienen funciones y usos que el sujeto les da durante el proceso analítico, que se deben tener en cuenta para una mejor comprensión del analizado. Estos usos son indicativos de mecanismos o dinámicas patológicas que son necesarios entender.
Segal afirma:
“El obtener insight en el sueño abrió toda una nueva dimensión del mundo onírico, pensamientos, lenguaje y trabajo oníricos, iluminando la infinita riqueza y complejidad de nuestro inconsciente. Al producir un sueño, el Yo tiene que ser capaz de efectuar una represión que no debe ser ni demasiado laxa, ni demasiado rígida; tiene que realizar la tarea de encontrar una expresión para deseos inconscientes en conflicto; tiene que desarrollar un lenguaje, un contenido y una forma para expresarlos. La formación de símbolos es también parte del trabajo psíquico, y en el caso de los sueño, del trabajo onírico. ‘Un sueño bien formado cumple muchas funciones’. Proporciona una expresión de fantasía de un conflicto inconsciente y busca una solución de fantasía -la satisfacción del deseo-. ‘El trabajo del sueño es parte de la elaboración del conflicto inconsciente’. También proporciona ‘una comunicación intrapsíquica entre el inconsciente y el consciente’. Cuando recordamos un sueño, retenemos una comunicación con expresiones simbólicas del inconsciente. ‘En el proceso analítico, esta comunicación intrapsíquica llega a ser también un medio de comunicación con el analista’.
Cuando el Yo se encuentra temporal o permanentemente incapacitado de realizar estas tareas, como en el psicótico agudo, sabemos que generalmente no hay ninguna distinción entre una alucinación, un sueño y un evento real.
Cuando los pacientes ‘usan el soñar para evacuar contenidos mentales’ esto puede tomar varias formas. A veces el soñar mismo, es sentido como que logra la evacuación, o el anotar los sueños. Muy a menudo es el soñar y contar los sueños al analista con lo que se logra la evacuación. A veces, no basta el soñar y contar, y el sueño tiene que ser actuado en detalle en la sesión, debe ser evacuado a través de una actuación muy precisa.
La evacuación es hacia adentro de un objeto. En la situación analítica el objeto es el analista. El objetivo es doble; uno, deshacerse del contenido psíquico, y dos, afectar el objeto.”
El tipo de sueños acting out que describe la autora, son una función de la identificación proyectiva patológica. Ella explica al respecto, que el símbolo y el objeto simbolizado pasan a ser la misma cosa, lo cual da origen al pensamiento concreto. Solo cuando se aceptan y se elaboran la separación y la separatividad, puede pasar a ser el símbolo una representación del objeto en lugar de ser equiparado a éste. A juicio de Segal, ello implica una cabal elaboración depresiva, en la cual el símbolo pasa a ser el precipitado de un proceso de duelo. Es en este continente, donde puede cumplirse la función alfa, los procesos primarios comienzan a ser elaborados y convertidos en procesos secundarios. La perturbación del vínculo existente entre el sí-mismo y el objeto se refleja en una perturbación del vínculo entre el sí-mismo, el objeto simbolizado y el símbolo, lo que lleva al fracaso del continente y de la función alfa, dando por resultado la incapacidad de cumplir el trabajo del sueño y, por lo tanto genera sueños psicóticos, incluidos los sueños concretos.
Ogden (1993) habla del espacio del sueño. Entiende el acto de soñar como una comunicación interna en la que un aspecto del self produce un sueño que es entendido por otro aspecto del self. El sueño como cosa en sí es sometido a un proceso dialéctico por otro aspecto del self mediante el cual se crean significados simbólicos y vivencias del sueño. El esquizofrénico, cuando no es capaz de mantener un proceso dialéctico psicológico, transforma la presentación del sueño en alucinación.
Propone que la presentación del sueño tiene que sufrir una transformación en un espacio del sueño para que pueda producirse el soñar. Citando y homologando a Winnicott, lo que dice en relación con la imaginación que representa el resultado de una transformación que sufre la fantasía cuando se la lleva al espacio potencial, es decir cuando existe “un sitio desde donde tomar consciencia” de mostrar fantasías. Antes de que exista este lugar (espacio potencial) un objeto de la fantasía es una cosa estática en sí, desprovista de significados simbólicos resonantes, que solo se representa a sí misma.
Un sueño lo entiende como comunicación interna y conlleva una construcción de proceso primario producida por un aspecto del self y que debe ser percibida entendida y vivenciada por otro aspecto del self. La construcción del proceso primario constituye la presentación del sueño, que es un suceso sensorial interno. Como con todos los demás registros sensoriales (incluidas las comunicaciones de otras personas), la presentación del sueño constituye inicialmente una cosa en sí desde el punto de vista del aspecto del self, que trata de entenderlo. Estos datos sensoriales en bruto han de sufrir alguna forma de transformación psicológica con el fin de que se produzca el soñar. Soñar, para este autor, es el proceso de incorporar la presentación del sueño al proceso dialéctico, creando por ella la experiencia del sueño, es decir, creando vivencias con significado donde solo había coexistencia estática de fragmentos de datos. Esto implica su transformación en símbolos que un self intérprete es capaz de entender.
Grotstein (1979) citado por Ogden (1993) hace una distinción similar entre presentación del sueño y el soñar cuando distingue al soñante -que-sueña-el-sueño del soñante -que-entiende-el-sueño. El soñante-que-entiende-el-sueño es el intérprete, el creador de significados simbólicos, distingue el trabajo del sueño (un modo de pensar de proceso primario) del “trabajo de entender”, (una función simbólica de orden superior).
Jordan (1989), citando a Bion, dice: “El reviere de la madre es la expresión o realización de una función de la personalidad que denomina función-alfa. Esta función transforma las impresiones sensoriales en elementos-alfa susceptibles de ser pensados, soñados, reprimidos, recordados, olvidados, oprimidos, es decir, elementos con la capacidad de ser conscientes o inconscientes. Si esta función falla se tienen elementos indistinguibles de la cosa de sí misma que denomina elementos-beta y que solo se prestan para ser proyectados fuera del aparato mental a través de la acción, es decir no se obtienen representaciones de los objetos o los fenómenos.”
Jordan (1989) puntualiza que es posible que lo que se observa en el dormir REM, sea justamente la expresión neurofisiológica de la función que permite adscribir a las impresiones sensoriales la cualidad de lo pensable o lo soñable, en otros términos la capacidad de ser consciente o inconsciente ambas experiencias mentales que ocurren dentro del aparato mental. De este modo el dormir REM se constituye como un continente en el cual las diversas impresiones sensoriales pasadas y presentes sufrirían un proceso de metabolización o mentalización que las haría asimilables tanto para el consciente como para el inconsciente del soñante. Su función sería la de permitir lo inconsciente y lo consciente, así como también el dormir y la vigilia como estados orgánicos y mentales distinguibles y separables. Es en este sentido que el soñar es el heredero de la capacidad de ensoñar de la madre, o dicho de otra manera, subroga en la personalidad la función de contención de la madre.
Este proceso se observa en la transferencia desde el deseo inconsciente, a los restos diurnos del día. En el proceso analítico el resto diurno más importante del paciente lo constituye el analista, de ahí que los sueños adquieran rápidamente un significado transferencial en el psicoanálisis.
Cuando el sueño cumple con su función, éste posee la libertad de ser recordado u olvidado, es lo que podríamos llamar un sueño asimilativo, que vendría a constituir otra categoría junto a los sueños elaborativos descritos por Grinberg. Estos autores coinciden en ciertos aspectos fundamentales en cuanto a la función del sueño.
Un sueño bien formado cumple varias funciones, el trabajo del sueño busca una solución de fantasía del impulso inconsciente y forma parte de la elaboración del conflicto. Cuando fracasa esta función, el soñar puede ser usado como una evacuación, por tener contenidos o elementos no metabolizables en ese momento. Por otra parte, cumple la función de comunicación. En el espacio del sueño se transforman elementos del proceso primario en secundario. Estas transformaciones llevan a que el sueño cumpla una función de continente de las impresiones sensoriales externas e internas, pasadas y presentes que permiten la estabilidad de la vida psíquica.

Clasificación clínica de los sueños
Grinberg (1981), propone una clasificación desde un enfoque clínico. Plantea una hipótesis por la cual los sueños, al igual que los pensamientos (según la concepción de Bion), necesitarían de un aparato para soñarlos, que estaría dado por la actitud final de elaboración y posibilidad de acercamiento al conocimiento de la información que los sueños vehiculizan, con la consiguiente capacidad de recordarlos y verbalizarlos. Los sueños de un paciente en el curso de un proceso terapéutico pueden ser indicadores del desarrollo y estado del mismo.
El acto de soñar sería de por sí una regresión a las más tempranas circunstancias del soñante, una resurrección de su infancia con todos sus impulsos instintivos y sus formas expresivas.

  1. Los sueños evacuativos se observan predominantemente en psicóticos o psicópatas primarios.
    No hay continente capaz de contener la descarga. Generalmente estos sueños coinciden con alteraciones groseras del encuadre por interacción de conductas de acting-out no verbal, o bien con somatizaciones graves.
    Los sueños evacuativos son los más frecuentes en los primeros años de análisis hasta que se establece el contacto con el buen pecho externo. Coinciden con la actuación verbal en vez de la asociación libre en la transferencia. Estos sueños buscan la descarga de ansiedad originada en relaciones objetales internas amenazantes.
    A continuación ejemplifico este tipo de sueños con dos sueños de inicio de tratamiento de una paciente llamada S. en supervisión:
    Sueño al inicio del tratamiento
    “Soñé que iba caminando por un lugar en el campo después de pasar el arado, la tierra no pareja, un lugar como de basura pero sin basura… Lo que había eran charcos de sangre, como islotes, y estaban solo las colas de los pescados, restos de pescados destrozados y las colas.
    Un lugar plano pero con los desniveles de la tierra, tierra resquebrajada porque hay grietas… y un poco de pasto por ahí porque hay humedad.
    Era como un genocidio de pescados donde lo único que se distinguían mejor eran las colas.”
    Sueño 2
    “Estaba sobre un puente en un río con una caña de pescar, pasaban unos peces enormes super grandes, y yo sólo pescaba muertos, no descompuestos… Pero pescaba uno tras otro y todos muertos. Y yo decía por qué me salen así, yo quiero los normales, si ahí van vivos por qué a mi me salen muertos. Me sentía paralizada y perpleja en el sueño… sentía un cansancio tan grande.” (Dukes, I. 2005).
    En estos dos sueños aparecen contenidos persecutorios, fragmentados, muertos y/o desvitalizados, la paciente se ve desvinculada afectivamente de la gran angustia de muerte que estos sueños comunican. Se observan en el primer sueño aspectos parciales y muertos representados por los peces muertos destrozados. Estas ansiedades persecutorias se encuentran al comienzo de un análisis y/o también se pueden encontrar permanentemente en pacientes psicóticos y son propios de la posición esquizoparanoide descrita por M. Klein, la paciente mira sorprendida estos contenidos de sus sueños, con objetos muertos y fragmentados alude a un genocidio o una catástrofe que aún no puede analizar, sólo mirar sorprendida. En el segundo sueño los objetos muertos están más cerca de ella, coexisten los peces muertos pero aparece el deseo dibidinal de obtener peces vivos y se insinuá el deseo de objetos totales y vivos. Podríamos afirmar que está tomando contacto con estas ansiedades de muerte. La muerte la pone perpleja y le causa un compromiso sensorial y anímico, desde el punto de vista Kleiniano se podría hipotetizar que está iniciando la posición depresiva en su proceso terapéutico.
  2. 2. Los sueños mixtos, si bien contienen elementos evacuativos, presentan además aspectos depresivos y elaborativos, ya que aparecen en el contenido manifiesto expresiones de daño, responsabilidad y culpa, aunque persisten la disociación y la negación maníacas. Tales sueños aparecen en etapas más avanzadas del análisis y suelen constituir un paso importante, en relación con un cambio interno. En el material manifiesto asociativo, si bien predomina aun la actuación verbal, ya empieza a aparecer un tipo de asociación libre. A continuación con un material aportado en supervisión puedo ejemplificar este tipo de sueño (Dukes, I. 2005).
    “Anoche tuve un sueño, en el sueño me perseguían (para variar), me perseguían y yo tenía que escapar de personas… y me tenía que esconder, yo iba de allá para acá, y me tenía que escapar de gente que me quería destruir, hacer mal… parece que eran varios los que me perseguían pero se iba reduciendo hasta ser uno.
    Hasta que llega un minuto en que llego a un ascensor y como que me metía a un área prohibida y ahí sentía que me podía salvar, pero no sé por qué llegaba a esa área. Entonces entraba al ascensor (era el de la consulta) y me conectaba con una persona que estaba de espaldas apretando el botón del ascensor, que se supone que era yo, pero cuando se daba vuelta esa persona era yo pero con tu cara, y era como llegar a puerto. Vestía un mameluco de trabajo y con un gorrito con los que escenifican a los maestros, esos de papel de diario escrito, como de maestro. Y esa persona era tranquila, era yo pero cuando se da vuelta y me mira tenía tu cara.
    El mameluco era definitivamente de trabajo, de esos trabajos como de moldear, de hacer cosas con las manos. Era limpio y humilde a la vez, sin pretensiones, algo sencillo.
    Me gusta pensar en el gorro hecho a mano, como esos cucuruchos de diario que se pone en la cabeza… intelecto pero trabajado en un papel común y corriente, lo diario, lo cotidiano, eso que circula por la vida, vive gente, mueren, pasan cosas… Me parece una metáfora bonita de lo que pasa aquí.”
    En esta viñeta, en la primera parte del relato del sueño, aparecen contenidos persecutorios y los perseguidores constituyen varias personas, de modo que aquí podríamos pensar que hay un contenido esquizoparanoide propios de la etapa de desarrollo infantil temprano, donde todavía no hay concepción de objeto total. En el segundo párrafo, aparecen otros contenidos donde se esboza la concepción de objeto total, donde ella se mira a un espejo y se encuentra con la cara de la terapeuta y reconoce el ascensor como parte de un lugar más seguro que pertenece a la consulta de la terapeuta. Es interesante en el sueño como la paciente va tomando parte de los aspectos de la terapeuta donde le dice: “era yo, pero con tu cara”. En el tercer párrafo del sueño la paciente empieza a elaborar y valorar el trabajo analítico como un trabajo sencillo y cotidiano, lo ejemplifica y asocia a partir de un gorro y un mameluco de un trabajador manual, por lo tanto aparece el concepto de trabajo analítico, relacionándolo con el tratamiento. Aparecen mecanismos que integran más las partes persecutorias, los perseguidores se transforman en uno, encuentra un lugar seguro que reconoce como perteneciente a la terapeuta. La identificación e introyección como mecanismo y parte del tratamiento se observan claramente cuando ella se reconoce en el trabajador manual con el gorro de papel y que tiene la cara de la terapeuta, simbólicamente tomando los aspectos analíticos de la mente del analista.
    Los sueños elaborativos, pertenecen a la posición depresiva o a la entrada en ella. Aquí el sueño representa claramente para el paciente el símbolo de “algo que no es”, al manejarse con símbolos y no con ecuaciones simbólicas. Por lo tanto, la distinción entre la pantalla-continente y los contenidos oníricos proyectados en ella le permite al paciente no temer al sueño en si mismo y no oponerse a cu recuerdo o a su interpretación terapéutica con la intensidad que se daba frente a los sueños evacuativos. Su contenido manifiesto muestra claramente objetos dañados, responsabilidad por ellos y deseos de repararlos. Se observan en el sueno elementos que indican una verdadera identificación introyectiva de la función de un analista que colabora en la tarea preparatoria, pese a las defensas maníacas aún existentes. Estos sueños hacen su aparición al promediar la lucha por la integración y muestran la creciente capacidad del paciente para cuidar de sí mismo (de reparación de su Yo y de sus objetos) ayudado por una mejor internalización del continente-analista que ya le permite soñar sus sueños.
    Lo interesante de esta clasificación es que toma aspectos de la evolución de proceso psicoanalítico, que de algún modo engloba aspectos ya esbozados, por los otros autores revisados; podemos ver que los primeros sueños en que todo transcurre externamente al soñante tiene que ver con lo observado por Meltzer (1968) y Segal (1989), que también llama evacuativos y que lo amplia Grinberg, los estadios últimos de Meltzer son homologables a los sueños mixtos y elaborativos que plantea Grinberg; en su clasificación, y asimilativos que señala Jordan.
    A continuación ilustraré con dos sueños de este tipo, caso clínico actualmente en tratamiento y otro de supervisión.
    “J. adolescente de 18 años en tratamiento psicoterapéutico dos a tres veces por semana por una depresión atípica me cuenta el siguiente sueño: “soñé con mi madre doctor, soñé que no estaba muerta y que la persona encargada del cementerio me venía a decir esto, yo podía pasear con mi madre, íbamos a hacer algunas cosas en la casa, también íbamos de compras, pero al final de estas diligencias también íbamos al médico de ella, igual le diagnosticaba cáncer, igual se iba a morir.”
    Desde el fallecimiento de la madre hace un año, J. no había podido hablar ni soñar sobre su madre. Este sueño ocurrió dos días después de haber visitado la tumba de la madre con motivos de su cumpleaños que estaba cerca del aniversario de la muerte de la misma, donde J. pudo permanecer unos minutos en silencio en un diálogo personal con su madre, mientras el padre lo esperaba cercano a esa situación, a quien J. le propuso hacer el mismo gesto.
    J. asoció que igual la madre se moría, lo que le daba mucha rabia y pena y tenía el mismo cáncer que le habían diagnosticado antes que se muriera y me preguntó: “¿Doctor, por qué habré soñado con mi madre viva, si está muerta?”, a lo que le respondí: efectivamente tu madre está muerta, sin embargo, en tu recuerdo está viva y puede ir al supermercado como lo estás haciendo actualmente, haciéndote cargo de las cosas de la casa, y también como tu mamá, puedes venir al médico conmigo para ayudarte, como tu madre lo hizo en esa oportunidad que tu la acompañaste al médico, ¿te acuerdas? cuando te enteraste del diagnóstico… J. se queda pensativo, angustiado, pero con una sensación de tranquilidad y de paz, como pudiendo retener a la madre muerta y viva al mismo tiempo en su mente.
    Después de este sueño elaborativo del duelo, han aparecido nuevos sueños con el mismo tema, donde J. se ha hecho cargo de labores de autocuidado y cuidado del padre anciano y enfermo, como la madre, cuidaba de ambos hasta hace un año atrás.
  3. Otro ejemplo de elaboración, se ilustra en el siguiente sueño. La paciente S. que al comienzo de su tratamiento soñaba con peces muertos como se mostró en un párrafo anterior:
    “Yo aparecía en un lugar de otro tiempo como si me hubiera metido en una novela antes de los sesenta. Y yo adoptaba una niñita que tenía tus ojos, pero yo en el sueño pensaba que demás pasaba por hija mía. En un minuto yo estaba en la cocina y había un pescado grande y lo tenía que limpiar,…sentía que no me gustaba limpiarlo, me daba nauseas pero que tenía que hacerlo porque era para alimentar a mi hija. Miraba el pescado un rato que se me hacía muy largo, me decidía, lo tomaba lo abría y lo limpiaba y veía que me quedaba limpio.”
    En este sueño aparece tomando contacto con su pasado y lo manifiesta diciendo: “es como si me hubiera metido en una novela, antes de los ‘60”, haciéndose responsable de su historia personal. Habla de la adopción de una hija que tenía los ojos parecidos a los de la terapeuta y que ella la identificaba como su propia hija. En esta parte del sueño, la paciente alude a poder hacerse cargo de sus partes infantiles como una hija adoptiva, a quien le reconoce aspectos de la terapeuta (los ojos), aludiendo a que esto está ocurriendo en el trabajo terapéutico. Muestra cierta reticencia con la comida que se muestra con los peces, sin embargo lograba hacerse cargo de la alimentación de su hija. Acá vemos como hay un cambio interesante que va desde la conducta reticente y de la angustia de muerte de los primeros sueños a este sueño que muestra que una parte niña, es alimentada por su parte madre, que logra recoger del ambiente-análisis peces como alimentos, en vez de cola de peces, o peces muertos como en los primeros tiempos del análisis.

Sueños de comienzo de tratamiento

Grinstein (1995), a propósito de los sueños iniciales dice:
“Estos sueños pueden proporcionar claves para el diagnóstico y pronóstico. Sueños sin sofisticación que pueden ocurrir, en un análisis posterior pueden ser elaborados y pueden estar basados completamente en el material patógeno del caso, desconocido tanto para el analista como para el paciente (los llamados sueños programados y sueños biográficos). Algunas veces, son equivalentes a una traducción en lenguaje de los sueños, del contenido completo de la neurosis.
La interpretación total de tal sueño coincidirá con la completación del análisis total: si una anotación de ello al principio es hecha es posible entenderlo al final, muchos meses después.
La riqueza del material presentado en estos sueños nebulosos de diferentes capas de la personalidad del paciente, de diferentes eventos de la vida del mismo, y a menudo de la expresión de diferentes conflictos con los que el pueda tener relación.”
Advierte este autor, que ciertamente se debería ser precavido, de manera que el paciente no sea sobrecargado por lo que él pueda sentir o darse cuenta de lo que el terapeuta ha aprendido acerca de él de esta forma. Comparte la opinión de otros analistas en el sentido de que no de debían ser dejados de lado considerando que es una comunicación desde el paciente la cual el terapeuta deberá aceptar.
Da tres ejemplos de sueños iniciales, de tres pacientes distintos: en todo el contenido manifiesto y asociaciones de los sueños ilustran las ansiedades de los pacientes acerca de ir a un tratamiento y de lo que les sucederá como consecuencia. EI intercambio inicial, representado por el paciente al traer un sueño y la respuesta del analista a ello, inmediatamente pondrán el tono lo que está por venir.
Los sueños iniciales son importantes para averiguar la naturaleza de situaciones de transferencia temprana; ellos dan una clara idea para entender la vida emocional íntima del paciente, sobre la cual el terapeuta no sabe nada.
Se ha hecho notar lo significativo -para el análisis, diagnóstico y pronóstico- de no enmascarar la apariencia del analista en un contenido manifiesto de los sueños iniciales. Este interés ha sido expresado en que: “El paciente en su inconsciente es incapaz de diferenciar entre el analista y una persona muy significativa en el pasado, o en que el analista y su apariencia y comportamiento realmente se parezca mucho a esa persona tan cercana”. Rappaport (1959) y otros investigadores citados por este autor, creen que la significación de este tipo de sueño puede estar relacionado con la intensa desconfianza del paciente, por el analista por causa de su temor a que el analista podría ser como la figura parental transferida y de que exista un intento de negación del paciente, un intenso temor, una desconfianza o un deseo más poderoso a la gratificación por parte del analista.
Más serio es que en los sueños iniciales, los contenidos manifiestos sean salvajes, vivamente coloridos, en los cuales el individuo mismo o los objetos cercanos a eI, aparezcan desenvolviéndose, desintegrándose, cayendo en pedazos, o llegando a fragmentarse, fuertemente sugieren una amenaza actual de fragmentación del Yo. Kohut (1977) también citado por este autor ha indicado que la condición precaria de debilitamiento o fragmentación del self podría concretamente representarse en fantasías de sueños manifiestos de paciente perturbados narcisistas. En otras instancias, donde el contenido manifiesto trata o tiene que ver francamente con canibalismo o material agresivo oral, la posible presencia de esquizofrenia, activa o incipiente, puede estar naciendo en la mente. En estas instancias es de de urgencia que el terapeuta trate las condiciones específicas, en vez de tratar con el contenido específico del sueño.

Sueños y terminación del análisis

Waugaman (1992) hace una revisión interesante sobre los sueños y la terminación del análisis. Afirma que los sueños de la fase de terminación brindan abundantes oportunidades para explorar el cambio psíquico producido gracias al análisis.
Sharpe (1937), citada en esta revisión, alude a la conexión existente entre los sueños y la terminación del tratamiento en dos contextos: los sueños como reflejo del cambio intrapsíquico y los sueños posteriores al análisis. Si bien esta autora se ocupa de las asociaciones del paciente, señala lo siguiente: “He escogido los sueños con el fin de mostrar que, mediante los contrastes y comparaciones de su contenido manifiesto, el analista puede conjeturar cuáles son los cambios psíquicos que está produciendo efectivamente el trabajo analítico”. En particular, si un paciente tiene un sueño recurrente y éste deja de aparecer, ello puede indicarle al analista que ha sido resuelto un conflicto psíquico reprimido. EI progreso en el análisis puede hacer, asimismo que un síntoma sea incorporado al contenido manifiesto de los sueños en vez de expresarse en la vida de vigilia.
Sharpe describe, de manera algo idealizada, la naturaleza de los sueños de un individuo posteriores a un análisis exitoso. Sostiene que estos sueños son menos disfrazados y que es menos probable que los acompañen afectos penosos. El sujeto tolera mejor sus impulsos primitivos e integra las diversas fases de su desarrollo. Los deseos edípicos son abandonados o sublimados. Los sueños tienden a ser más breves; ya no hay sueños recurrentes, y sólo en forma esporádica tiene sueños de angustia o pesadillas. Sharpe atribuye a los sueños un papel cardinal en el autoanálisis.
Glover (citado por Waugaman 1992) afirma que las reacciones oníricas al tratamiento “son una de las corroboraciones más importantes de que es oportuno ponerle fin. Se refiere a los ‘sueños de revisión’, cuyo contenido manifiesto puede ser en parte interpretado como una evaluación que hace el paciente de sus progresos en la superación de las dificultades. Análogamente, cabe inferir que hay mejoría cuando el paciente es capaz de superar con rapidez la angustia que le provoca un sueño, en lugar de negarla, o cuando a un sueño de angustia le sucede otro en el cual “la misma situación se reitera sin angustia”. Si bien Glover admite que por lo común los sueños suelen dar una muestra, más “indirecta” del cambio, asevera que las modificaciones significativas en el contenido manifiesto de un sueño recurrente son un signo favorable.
Morlans (1994) en nuestro medio, confirma esta experiencia como un sueño repetitivo en sus contenidos manifiestos que hablaban de una fantasía inconsciente al comienzo catastróficas y persecutorias, a medida que progresó el proceso, fue incorporando a este mismo contenido manifiesto una mayor autoestima en el funcionamiento del yo y otros componentes del sueño, más reparatorios.
Gillman (citado por Waugaman 1992) estudió la fase de terminación del tratamiento en 48 pacientes que fueron analizados con éxito, y se ocupó de los “sueños de terminación, tristeza, el propio final del tratamiento”.

Otro tema tomado por Gillman fue el de las fantasías y temores específicos que sobrevenían durante la fase de terminación, de los que halló muestras en 21 de los 48 casos. En estos pacientes, aparecían nuevos sentimientos de dependencia y problemas concernientes a la pérdida materna. En seis casos, se volvió explícito en la fase de terminación el deseo de un bebé edípico, y en uno de ellos la fantasía fue que el propio análisis había sido un período de gestación. Bonime (¿) hace referencia a los “sueños terminales” desde la perspectiva de “los criterios y problemas propios de la terminación del tratamiento”. Al examinar estos sueños, destaca la ambivalencia de los pacientes sobre la terminación y su capacidad de abordar de manera más adaptativa en esta fase las cuestiones analíticas. Entre los criterios que permiten saber si el paciente está en condiciones de terminar el tratamiento incluye su “pronta disposición al empleo intensivo de material onírico, poniendo el acento sobre todo en la convalidación”.
A continuación relato una viñeta clínica de un sueño que me fue entregado en supervisión, que ilustra muy claramente estos fenómenos en la terminación (I. Dukes, 2005).
En la penúltima sesión antes del término, un paciente de 55 años, en un tratamiento psicoanalítico de cinco años de duración, médico de profesión. Entrega este sueño a su analista:
“Anoche soñé con usted, me invitaba a comer y yo tenía miedo de que se alterara la relación médico-paciente, pero usted me decía que se podía separar, y que podía estar tranquilo… Yo llegaba a una especie de departamento grande, amplio, no muy iluminado, y había otra mujer que usted me presentaba como pediatra, la doctora B. Nos sentábamos y conversábamos cordialmente, y había una guagua que en el sueño yo pensaba que era la guagua que usted tuvo hace poco más de un año, y la miraba y yo decía no puede ser… si es mi cara, no que se parecía a mi, o como yo era cuando niño, sino que era mi cara de hombre de 50 pero en cuerpo de guagua. De ahí hay otra imagen donde estamos jugando al juego de la verdad (ese que juegan los niños).”
Fuera de lo que Gilman plantea de los deseos de dependencia y sentimientos de pérdida materna, podemos analizar en este caso cómo el paciente adopta un nivel de dependencia que le permite preocuparse de sí mismo en estados de vulnerabilidad y logra llevarse para sí mismo una relación “médico-paciente” que puede interpretarse como “mamá-paciente” que cuida y que permite integrar los aspectos infantiles de sí mismo, en el futuro siguiente al alta, donde se puede seguir jugando y descubriendo la realidad o la verdad de las cosas y las personas a través del autoanálisis, como lo dice al final del sueño.
Además de tener el deseo de ser un bebé edípico (hijo de la terapeuta), que lo relaciona con el embarazo que la terapeuta había tenido, como lo relata en el sueño, es interesante ver cómo el paciente progresa en su integración consigo mismo, esta integración queda graficada a través de lo que él llama la relación médico-paciente, ya que él mismo es médico y paciente a la vez. El deseo de ser tratado como un bebé de la terapeuta y el ver su cara adulta en este bebé, alude a que en la realización del deseo de ser hijo de la propia terapeuta está simbolizando lo que ha podido obtener del proceso de gestación-análisis, y así tener un segundo nacimiento más integrado sobre sí mismo.
Oremland (citado por Waugaman 1992) afirma que en algún momento de la fase de terminación ciertos pacientes presentan un sueño característico, que al producirse corrobora el éxito del análisis. En estos sueños el analista aparece sin disfraces, vinculado a la modificación de un síntoma importante.
Charpe, Glover y otros autores describieron sueños de terminación que incluyen en su contenido manifiesto formas específicas de mejoría sintomática. Además, el contenido manifiesto puede reflejar el cambio estructural.
A lo largo del análisis, incluida la fase de terminación, los sueños desempeñan un papel vital en el levantamiento de la represión y en la tarea de reconstrucción e integración, permitiendo que la función sintética del yo integre pensamientos, impulsos y recuerdos antes disociados entre sí.
Por último, el valor que tienen los sueños no solo durante la fase de terminación del tratamiento sino también después de éI. El reconocimiento y examen de las resistencias que presenta el paciente para el autoanálisis, incluido el análisis de sus propios sueños, es una tarea importante del tratamiento. Si el análisis se Ilevó a cabo como un proceso realizado en colaboración, y si el analista ve con beneplácito que el paciente goce de mayor autonomía y la fomenta, es más probable que éste continúe teniendo curiosidad por sí mismo y por sus sueños, y esté dispuesto, en los años que siguen al análisis, a hacer nuevos descubrimientos sobre su vida emocional y a proseguir con sus cambios psíquicos.

Discusión y síntesis

A partir del concepto de cambio psíquico, la importancia del contenido manifiesto y la función del sueño en el proceso analítico podemos sintetizar, que el cambio no solo es una meta, sino que ocurre permanentemente en el análisis, considerando en el largo plazo que los pacientes sean capaces de retirar sus proyecciones, de hacerse más responsables por sus impulsos, el logro de una mayor integración del self y de una relación objetal más realista y completa; o el cambio visto como un interjuego de resistencia y alianza terapéutica como lo plantea Rangell (1991). Este cambio se puede ir pesquisando en el contenido manifiesto de los sueños en este proceso analítico. Desde el comienzo, los autores revisados coinciden, en que en los primeros estadios de este proceso el sujeto está ubicado en una posición distante de los hechos, o en una posición desconfiada o temerosa, o éstos cumplen una función de descarga que contribuye a mantener un precario equilibrio psíquico evacuando contenidos mentales en busca de un continente, ya que el paciente no lo posee o su función de continente fracasa, lo que denominan sueños evacuativos.
Conforme el proceso avanza, el contenido manifiesto varía, el soñante aparece más interesado con los temas y participa o mira más comprometidamente las facciones en lucha o aparecen aspectos que contienen elementos de descarga en conjunto con elementos de culpa y reparación, sueños mixtos de Grinberg (1981). En esto se puede ver otro aspecto del concepto de cambio psíquico propuesto por Rangell y Joseph, en que resistencias o retrocesos por un lado y proyecciones por otro se combinan con una mayor integración, culpa y reparación, en este estar más interesado, pero no comprometido como lo plantea Meltzer, o en la combinación de descarga y elementos de culpa y reparación, como lo señala Grinberg.
Grinberg (1981) ubica los sueños elaborativos en el comienzo de la posición depresiva con la consecuente reparación y mayor elaboración por parte del Yo e integración del self. En la fase de terminación del proceso, los sueños elaborativos de Grinberg concuerdan con la revisión hecha por Waugaman (1992), en que los autores revisados por él, plantean que los sueños repetitivos desaparezcan, o que un síntoma se incorpore al contenido manifiesto o aparecen sueños de revisión de resultados del proceso o en otra casuística aparecen sueños en que el paciente es capaz de lograr éxito por si mismo y otros anuncian con tristeza el final del tratamiento, o muestran nuevos sentimientos de dependencia y problemas concernientes a la pérdida materna.
Los sueños reflejan los cambios psíquicos producidos y facilitan que se produzcan nuevos cambios, ya que su análisis amplía la conciencia que tiene el paciente de su vida anímica.
La evaluación de si el paciente está o no en condiciones de finalizar el tratamiento es un proceso complejo; los sueños pueden constituir una ayuda inestimable en esta evaluación del grado de cambio intrapsíquico. Como todos los sueños, los vinculados con la posibilidad de terminar el tratamiento resultan convincentes tanto para el paciente como para el analista.
Es interesante constatar, que desde diferentes perspectivas, se puede encontrar una cierta concordancia en los autores: a medida que va transcurriendo el proceso analítico se pueden observar cambios en el contenido manifiesto del sueño y en la función de éstos.
Quiero enfatizar la función de comunicación y de continente de los sueños. En la medida que el proceso se completa se puede observar una evolución desde lo evacuativo o de descarga del comienzo, a la comunicación y función continente del sueño de los impulsos y deseos primarios.
Ogden y Segal (1993, 1989) puntualizan la comunicación del proceso primario de una parte del self a otra parte del mismo, que entiende el sueño y lo transforma en una información útil o proceso secundario. Este hecho le confiere la función de continente al sueño, como lo plantea Grinberg en los sueños elaborativos, el paciente se atreve a analizar más sus sueños, lo que habla de una mayor capacidad del Yo de hacerse cargo de sus deseos o impulsos prohibidos o partes de sí mismo no aceptadas al comienzo del proceso. Esto en cierto sentido es homologable con la ubicación del soñante desde lo lejano o lo participante de Meltzer, reconociendo las partes infantiles de sí mismo, en los últimos estadios.
El concepto de Bion, citado por Grinberg (1981), de un aparato para soñar los sueños, puede hablar que la función de continente de la mente no fracasa y por ende el proceso ha instalado nuevas capacidades en el analizando. Podemos decir que la función continente del analista se va traspasando o transfiriendo en este proceso a través de identificaciones introyectivas, la función analizante y continente del analista se puede observar en el analizado. Al recordar los sueños del comienzo que después de años pueden ser entendidos de un modo más profundo, dado a través de sucesivas interpretaciones que incluyen este material y lo amplían a medida que el conocimiento del analista por su paciente va entregando nuevas luces sobre el si mismo de éste.
En mi propia experiencia, los sueños iniciales han podido dar cuenta de la estructura del Yo del paciente, en una fase posterior del análisis. Al comienzo, estos solo podían entenderse de lo más contingente de la vida del paciente. Con el avance del tratamiento han podido agregarse nuevas maneras de entender ese material, y mirando esos sueños con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, se puede agregar una mejor comprensión de la estructura del yo y de los conflictos, que ya estaban resumidos o condensados en el contenido manifiesto de esos primeros sueños.

Conclusión
La presente revisión ha reseñado la evolución del proceso psicoanalítico usando como indicador de dicha evolución el contenido manifiesto del sueno y la función que estos cumplen durante este proceso. Creo que la revisión es limitada, pero presenta el comienzo de una línea de trabajo que es interesante continuar.
La principal pregunta de la presente revisión: ¿Cómo los sueños pueden ir dando cuenta del proceso terapéutico psicoanalítico?, queda contestada parcialmente. Se puede concluir que son un valioso indicador de dicho proceso. Que las diferentes teorías que se han incorporado después de Freud en que planteaba que se trataba de un cumplimiento de deseo, se han modificado y ampliado; sin embargo prevalece su afirmación de ser la vía regia para llegar al inconsciente. Pero a esta teoría se han agregado otros conceptos como de función del sueño, espacio del sueño, comunicación desde el proceso primario al secundario, un aparato para soñar los sueños (Bion), función de continente. Estos elementos llevan a postular a Jordan una interesante hipótesis: “el soñar es el heredero de la capacidad de ensoñar de la madre, o dicho de otra manera subroga en la personalidad la función de contención de la madre”. En este sentido, es el sueño un importante hecho neurofisiológico y psicológico de sostén como la madre lo fue desde el comienzo de la gestación, y crianza.
Como hemos podido ver, el soñar es una regresión a las circunstancias más primarias del soñante y por otro lado el intento terapéutico analítico induce una regresión en el mismo sentido, para poder entender las complejas vicisitudes de una persona, en su vida. Sueño y análisis se corresponden en una misma función de entender, comprender y contener. Como resultado de este proceso, se puede llevar a cabo un cambio psíquico que contribuya a un equilibrio de fuerzas mejor y más saludables dentro de la personalidad, en una situación siempre dinámica, en un interjuego de resistencias y deseos de cambio o de ocultar y conocer la realidad de sí mismo.

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17 septiembre, 2008

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