Salud Mental

Trastorno Bipolar

El estado de ánimo se refiere a una emoción de duración prolongada que afecta la totalidad de la vida psíquica. No obstante, no se trata de algo fijo e irreversible. En psiquiatría, el término “Trastorno del Estado del Animo”, se utiliza para delimitar bajo este concepto a las principales alteraciones de la vida afectiva.

En este sentido, el Trastorno Afectivo Bipolar corresponde a uno de los trastornos del ánimo. En nuestro país, cerca de 250.000 chilenos padecen esta enfermedad.

Se plantea que es una enfermedad de origen cerebral, determinada por una vulnerabilidad genética y gatillada generalmente por estresores ambientales o problemas de la vida. Su principal característica es la presencia de dos polos opuestos del estado de ánimo, de una intensidad extrema: un polo positivo, denominado manía y un polo negativo, depresivo, de una tristeza profunda. Sin embargo, puede ocurrir que el polo negativo no esté presente, y la manía puede darse como un trastorno del ánimo independiente.

La enfermedad, se manifiesta a través de crisis que alternan con períodos de estabilidad en la mayoría de los casos. Estas crisis, que afectan tanto la conducta como los pensamientos de una persona, pueden manifestarse de diversas formas. Sin embargo, dentro del polo positivo, se puede destacar un estado de ánimo de mucha alegría o euforia en algunos casos, o de mucha irritabilidad en otros. Así también, es frecuente la disminución de la necesidad de dormir, estar muy conversador en distintos momentos, y no sólo en situaciones sociales, involucrarse en demasiadas actividades que implican una excesiva demanda a la persona, gastar mucho dinero en poco tiempo, perdiendo el control al respecto, etc.

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Es de vital importancia saber que, en esta patología, generalmente las personas no tienen conciencia de enfermedad, es decir, no perciben el cambio de su conducta en relación con su comportamiento anterior. Al contrario, dicen sentirse como nunca antes en la vida, por lo que no solicitan ayuda. Por este motivo, la familia o las personas cercanas son las que deberán tomar las acciones necesarias. En este sentido, y ya que es una enfermedad progresiva, es decir, que sin un tratamiento y con el paso de tiempo, las crisis se hacen más frecuentes y severas, será necesario consultar a un psiquiatra que inicie el tratamiento adecuado, o a un médico que pueda indagar en la sintomatología, y en caso de estimarlo conveniente, realizar la derivación a un psiquiatra.

Una vez iniciado el tratamiento, es fundamental la receta de diversos medicamentos, entre ellos estabilizadores de ánimo. Asímismo, se deberá realizar un examen llamado Litemia, que mide los niveles de litio en el organismo. El psiquiatra informará tanto al paciente como a sus familiares respecto de las características de la enfermedad, mediante una psicoeducación. Es muy importante que el paciente aprenda a conocer su enfermedad y a hacerse cargo de ésta, de modo que pueda identificar factores ambientales gatillantes de las crisis, para poder prevenirlas.

Tratamiento Trastorno Bipolar

Cada paciente requiere un tratamiento específico, considerando las características de su trastorno, su personalidad, su entorno social y familiar, si consume o no alcohol y drogas,alteraciones químicas cerebrales y si tiene alguna patología médica asociada.

Es imprescindible saber que son las personas cercanas o familiares son los que deben responsabilizarse por el paciente cuando este no tiene conciencia de enfermedad y pedir ayuda aún cuando la persona no lo desee.

En este tipo de trastorno afectivo, la medicación es fundamental, debido a su efectividad en las alteraciones químicas cerebrales que conllevan el desarrollo de los episodios bipolares. De esta forma, los fármacos ayudarían a nivelar aquel desequilibrio químico.

La duración del trastorno es indefinida, probablemente para toda la vida, debido a que la prevención es indispensable para evitar recaídas en las crisis.

De esta forma, en un primer momento, el médico o psiquiatra deberá tratar los episodios presentados, es decir estabilizar al paciente, para luego proseguir con un tratamiento de mantención, destinado a aminorar o prevenir nuevos episodios de la enfermedad.

Para saber las dosis de medicamentos necesarias para la persona, el médico deberá solicitar exámenes sanguíneos que clarificaran los niveles del desequilibrio químico en el cerebro. En este sentido, existen múltiples variedades de fármacos posibles a utilizar, y pudiera suceder que el médico requiera ciertas combinaciones de éstos. Los medicamentos más utilizados son los estabilizadores del ánimo, los antidepresivos, los ansiolíticos y los antipsicóticos atípicos.

Respecto a la psicoterapia como otra forma de tratamiento, es útil ya que existen factores psicológicos, como el estrés, el temperamento y cómo son significadas las condiciones ambientales, que influencian tanto el desarrollo como la evolución de la enfermedad.

Por otro lado, se plantea que la persistencia o intensidad de situaciones estresantes, son un factor negativo en la evolución de la enfermedad. En este sentido, se encuentra en la psicoterapia, como tratamiento complementario a la farmacología, una instancia positiva en distintos aspectos, como son el cumplimiento con el tratamiento y la prevención de recaídas en las crisis. Esto se lograría mediante una psicoeducación, instruyendo tanto a la persona, como a la familia, sobre la realidad de la enfermedad y las consecuencias negativas que acarrea. Así también, se pueden abordar distintos sentimientos que pueden surgir, como la desesperación o la culpa que suele presentarse por las acciones realizadas durante un episodio maniaco. Asimismo,  en la psicoterapia se otorga apoyo al paciente, ayudándolo a que desarrolle habilidades para hacer frente al trastorno.

Una vez iniciado el tratamiento y estabilizado el paciente, es fundamental que éste se haga cargo de su enfermedad y que aprenda a identificar los signos que le da su organismo para poder prevenir una crisis. Esto se logra mediante la psicoterapia, en la que el paciente puede ir identificando factores ambientales gatillantes de éstas.

Se señala que, el trastorno bipolar puede incidir en el funcionamiento familiar y, simultáneamente, dicho funcionamiento afectaría el curso del trastorno. Debido a esto, se podría requerir por un lado, modificar ciertos patrones conductuales a nivel familiar que estén afectando al paciente, y por otro, dar apoyo y contención a la familia, informándola y dándole herramientas sobre un adecuado manejo.

Por último, es importante que el paciente y su familia confíen en el médico tratante y en el servicio de salud mental que se les brinda, ya que no es adecuado ir de médico en médico buscando una mejoría instantánea, sino que lo que se necesita es un entendimiento adecuado de la enfermedad para saber sobrellevarla en el tiempo y aprender a vivir con ésta.